La resaca de un gran viaje: Egipto 2010
A mí siempre me ha encantado viajar, y no por ir sumando países como quién suma trofeos en una estantería, sino por la necesidad interna que me lleva a conocer, descubrir y sentir a través de diferentes lugares y personas.
Ninguno de mis viajes me ha dejado indiferente, aunque haya sido al pueblo de al lado. Siempre he aprendido, he disfrutado y me lo he pasado en grande con las cosas buenas y malas que me han ido sucediendo.
También es cierto que hay viajes que te marcan más que otros. Por motivos que son casi siempre muy difíciles de explicar. Este ha sido unos de ellos.

Ya sabéis por mi artículo antes de salir de viaje a Egipto los lugares a los que iba, pero eso no es el viaje. He compartido momentos increíbles, hemos bailado sobre el techo de un barco navegando por el Nilo, nos hemos bañado en sus aguas, he dormido al raso en el desierto blanco con el cielo más lleno de estrellas que yo haya visto, he montado en globo, y en calesa y en camello, hemos estado con los beduinos, los Gawazi y los Nubios, y me he sentido como si viviera allí.
A todos nos surge la misma duda cuando el 14 de febrero se acerca: ¿qué hago? ¿se me va la pinza y me envuelvo en nata? ¿me voy a Punta Cana? ¿le compro un libro? ¿Me voy a cenar?… Luego está el dilema de si nos pasamos o nos quedamos cortos, y además el rollo que supone tener que regalar algo en una fiesta inventada para el consumismo… Pues bien, en vez de comernos la cabeza con estas cosas, este año he pensado imaginarme que esta fiesta inventada es un estupendo momento para celebrar que quieres a alguien y que te quieren,y ¿qué mejor homenaje que escaparte a algún sitio y pegarte un desmarque?. Me parece ideal.
